Cómo Groucho Marx inventó las fake news

El periodista Pedro Vallín nos da su opinión sobre la industria del periodismo, teniendo por base la estupenda frase de Groucho Marx: «¿A quién va a creer usted, a mí o a sus propios ojos?» de la película Sopa de Ganso. Del mismo modo, aporta referencias como la obra MTM de la compañía de teatro La Fura dels Baus, Desafío Total o la maravillosa obra de Kurosawa, Rashomon. Además, reflexiona sobre los discursos de la verdad.

Una vez hemos entrado en el reino de la posverdad y las fake news, y somos conscientes de una mentira, podemos actuar ante este hecho de dos maneras. La primera sería respondiendo a la expresión italiana «se non è vero, è ben trovato» (aunque no sea cierto, bien pensado está). Esto respondería a que la mentira coincide de una mayor manera con el registro simbólico del asunto o del individuo más que con la propia realidad. Ejemplificando, entenderíamos que una noticia falsa de un político robando es más acorde con la imagen colectiva que con la realidad. Sin embargo, esta sería una postura similar a la del neurótico celoso, cuyos celos son patológicos a su ser independientemente si su mujer es infiel o no. De este modo, la no desaprobación de la fake news (o la creencia dogmática de la noticia) es patológico al propio sujeto.

La otra cara de la moneda se encuentra en la expresión serbocroata «se non è vero, jebem ti mater!»; «jebem ti mater» significa literalmente «me follaré a tu madre». Así, la respuesta a la mentira (o fake news) se basa en la equivalencia entre la verdad y lo más preciado para el otro interlocutor: «¡Más te vale que sea cierto, porque si no lo es me follaré a tu madre!». Así, se crea una relación directa entre la falta a la verdad y la falta a la madre. Independientemente de qué postura adoptemos ante una fake news, debemos de entender que estas son como el café en el comienzo de la película de Ninotchka, de Ernst Lubitsch. El protagonista entra en la cafetería y pide un café sin crema; y el camarero le contesta: «lo siento, se nos ha acabado la crema. ¿Puedo traerle un café sin leche?» En ambos casos, el protagonista recibe un café solo, pero la propia negación actúa como un rasgo positivo. ¿Acaso no queremos un periodismo sin ideología, pero a la vez un periodismo acorde a nuestras creencias, un periodismo sin (mucha) objetividad?

Una cosa es cierta, vivimos en tiempos confusos. Las fake news y la posverdad nos rodea por todos lados: Twitter, Internet, las noticias, que actúan como la hidra de cien cabezas: por más bulos que neguemos, más bulos se reproducen. La época que nos ha tocado vivir se puede resumir en otra frase de Groucho Marx, pero cambiada ligeramente: «¡Esta es mi verdad! Y si no le gusta, tengo otras».

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